9-9-2011
Son las 19.30 de otro viernes extenuante, a pesar del cansancio viajo en el colectivo 10, que tomé en Las Heras y Ayacucho, con la expectativa de encontrarme en la entrada de la calle Tucumán del Teatro Colón con un amigo para ver Lasclaux Experiencia, espectáculo del que solo se que es multiespacial y musical. Nos encontramos puntualmente, el había llegado unos cinco minutos antes que yo, en el comienzo de una noche que sería distinta. Luego de preguntar a los guardias de seguridad dónde era el acceso para Lasclaux y de transitar el pasillo de la entrada de Tucumán varias veces y en ambas direcciones debido a indicaciones displiscentemente erradas encontramos el camino al subsuelo donde se realizaría el espectáculo. Ingresamos a un ancho pasillo a media luz que nos condujo a un espacio donde un "diablo" le pasaba el lampazo a un piso con líneas enmarañadas dibujadas sobre él, como sacándole lustre. Continuando el recorrido, nos sorprendió una pared donde eran proyectadas texturas a base de letras y signos escritas con tiza, en la parte final de la "u" que describimos, nos topamos con una especie de tarima sobre la cual se explayaban unos rectángulos calados y superpuestos que daban como resultado líneas curvas, y estaban inspirados en partituras. Desde allí caminamos pocos metros y al girar a la derecha, la perspectiva se amplió para ofrecernos un salón, no muy grande, donde se encontraban unas sencillas pero cómodas butacas desde las cuales disfrutaríamos de la presentación principal. Personas de blanco producían sonidos que a mi me remitieron al agua, y al metal. Grandes instrumentos de cuerda y de percusión se destacaban junto con cuatro proyecciones que utilizaban dos paredes que se encontraban en el ángulo recto. Los ejecutantes, de blanco, se retiraban y luego volvían para continuar con una nueva parte de la obra. Lo interesante fue el efecto que nos produjo la inmersión en ese espacio sensorial. Mi amigo lo expresó diciendo que la música lo "transportó" en algunas ocasiones. A mi me sucedió lo mismo.
Regresando ambos por la calle Cerrito la charla se enfocó en especulaciones acerca de la fuente de inspiración del compositor, de los hombres "primitivos" que vivieron en esas cuevas y de cuáles pudieron haber sido sus motivaciones para realizar dibujos en ellas. En Santa Fé y Cerrito dividimos nuestro rumbo.
Al llegar a mi casa y relajarme me di cuenta que volvía a estar allí, en ese subsuelo del Colón, en el multiespacio, escuchando esa música, y pensé que ese "transportarse" es un alma percibiendo lo bello.
Por GUSTAVO RETA